viernes, 25 de febrero de 2011

las luces de los atardeceres

Como cada día el atardecer nos trae la luz que saca los verdaderos colores que nos rodean... hoy he visto la hierba verde que cubre los campos, el cielo de un intenso azul, el sol descendiente en un rojo fuego que calienta todo lo que toca. La atmósfera casi mágica que traen los colores en el campo se entristece al ver lo que estamos haciendo con nuestro planeta azul, con nuestro hogar y el de millones de especies que aqui cohabitamos. Seguimos sin hacer un uso rotundo de las energias renovables, seguimos consumiendo y generando basuras que permaneceran por muchos años perjudicando la existencia de muchos seres vivos. Seguimos mirando a otro lado y diciendo yo no puedo cambiar el mundo... Pero no es así, todos podemos cambiar algo, y todos unidos aún más. Este planeta debe seguir vivo y limpio, debemos dejar a nuestros hijos un lugar donde vivir y donde disfrutar no tenga que ser sinónimo de consumir. Que el árbol (que crece en contra de la gravedad y profundiza sus raices en la dura roca del suelo sustentando a su vez todo el peso de sus ramas) y el samón (que nada contra corriente salvando cascadas y muchos kilómetros para cumplir su misión reproductora) sean nuestros ejemplos de lucha por una causa. Una causa que exige todo nuestro esfuerzo, reflexión, pasión y acción. El mismo motivo por el cual hemos llegado a este siglo XXI... perpetuar nuestra existencia y la de este planeta. Hay quién cree que encontraremos vida en otro planeta, pero ¿qué ocurrirá si tras años de carrera espacial y degradación de nuestro entorno descubrimos que no hay mas que este pequeño planeta en el que nos hayamos y al que estamos saturando de veneno? Ya hemos destruido la identidad y cultura de aquellas sociedades que precisamente estaban más en contacto con la naturaleza y que han permitido que siga tal y como debe seguir, sirviendo para mantener la vida. Ya habló un nativo americano de la estupidez del hombre blanco, que un dia descubriría, tras cortar el último arbol, matar el último animal y secar o contaminar el último río...que el maldito dinero no se puede comer.